A veces, uno no puede dejar de ser mal pensado. El fervor que muchos conservadores muestran en intentar reformar (lease achicar) Sveriges Radio, el servicio de la radio pública sueca, resulta explicable. El noticiario Ekot le está propinando duros golpes al mayor partido de la coalición de gobierno y lo congela en una posición de sorprendente debilidad. Crece la percepción de un gobierno “cansado”, sin iniciativa propia y expuesto a las propuestas extemporáneas de los líderes de sus socios menores, necesitados de prensa y votos.
Pero, como dicho, los conservadores –más grandes que sus tres aliados juntos– quisieran hoy menos prensa que nunca. La semana se inició con las revelaciones de que la ministro de Comercio Exterior, Ewa Björling, no solamente sabía de la empresa fantasma en Arabia Saudita sino que había presidido, como jefa interina de gobierno, reuniones en las que se tomaron decisiones. Björling, que firmó un artículo junto con el dimitido ministro de Defensa Sten Tolgfors, aseguraba como él desconocimiento del tema, pero sus desmentidas suenan cada vez más huecas.
Y mientra la ministro se desdice y se defiende, los conservadores de Estocolmo tienen que salir a defenderse como puedan. El tema es viejo pero demuestra su tosudez al privatizar por privatizar nomás. La esposa (pronto ex-esposa) del primer ministro, la responsable de Salud Pública de la provincia de Estocolmo, Filippa Reinfeldt, ha hecho del silencio una virtud. Pero, a fuerza de machacar, la prensa ha logrado desnudar el sinsentido de vender, a su personal, un centro de salud metropolitano por 700 mil coronas que, cuatro años más tarde, sería vendido por sus agradecidos dueños por más de 20 millones. ¿Cómo fue posible que se vendiera un centro de salud importante y centrico por una fracción de lo que se pedía por centros similares en las afueras de la ciudad? ¿Por qué se ignoraron los reclamos de la oposición de izquierda?
No hay respuestas, y tal vez no las haya nunca. Los políticos de entonces hacen responsable a los funcionarios de entonces, en 2007, que se han retirado y guardan silencio.
Uno y otro caso muestran una “debilidad” ideológica del Partido Conservador: la de actuar al margen de ley o en detrimento de los contribuyentes, a la hora de favorecer la iniciativa privada.
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